Autor: Álvaro Sialer Cuevas
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Las inteligencias van y vienen, pero el ajedrez permanece.
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Historia de la bailarina desnudista que abandonó a un cliente sin dinero que le recitaba un poema y se fue con otro adinerado
—Oda: vel… —¿Eres eso tú, pobre? ¡Ve, vete! Solo, oí. Vase a tal palo: —¡Hola, plata! Ésa vio, o lo sé: te ve, verbo puto (sé ser elevado).
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A un camarada transeúnte que iba ante mí A tu pedo —¡ji!— hoy olí hilo yo, hijo de puta.
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Él se detuvo en seco al borde del abismo
Y fue así como ella, mientras caía, descubrió que él no la acompañaría en el suicidio conjunto que habían planificado.
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Homenaje a Arquímedes Dadme un poco de tiempo y envejeceré ante el mundo.
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A las mujeres, en el día de su orgasmo ¿Rama? La vi, diosa. Me decís: “¡Sea!: clame”. Temo con Adán, Eva, la nada. (Adán al ave: “Nada, no comete mal”). ¿Caes? Sí: cede más. Oí, diva, la mar.
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Malas palabras
Y fue así que se decidió por fin a cerrar la mandíbula con firmeza, una vez que él hubo dicho prostiputa.
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A Marte se va la nave. Llevan al ave, se trama.