Autor: Álvaro Sialer Cuevas
-

Día de San Valentín (II: Amar)
Es sábado 14 de febrero, Día de San Valentín, día de los enamorados. No sé cómo logré que sucediera, pero saldré con Zinnia. Creo que vi a Katia dándole un dinero a Carmen. Seguro le pagó para que Zinnia saliera conmigo, me dice el pensamiento, pero… ¿será así? No. No y no. No lo creo.…
-

Día de San Valentín (I: Conocer)
Era la mañana clara de un jueves, de esas que solo se ven en Lima en el verano. Las casas estaban todas abiertas a la calle, adonde tenían sus jardines, de modo que el aire corría por todas partes, junto con los niños y sus juegos y sus voces. Creo que de una de las…
-

El blog va de San Valentín
Se viene el 14 de febrero, Día de San Valentín, día del amor y la amistad, aunque, a juzgar por lo que veremos en las calles ese día, parece que el amor va ganando la partida. Yo estaré solo y todo, pero ese día no me lo quiero perder, siquiera por mi blog. Así las…
-

Al Dr. D. Luis Castañeda Lossio, alcalde de Lima, pintor de murales
Castañeda, Castañita, sibarita, mira tú. ¿Te molestan los murales que pintaron en el Centro los artistas marginales que Susana trajo adentro? ¡Ay, alcalde del Perú! Sibarita, mira tú.
-
El aroma del jazmín
Anoche, volvía a casa del trabajo cuando una ráfaga de viento me trajo el aroma del jazmín, que siempre me captura. Entonces dije: En el aroma del jazmín del verano, la noche olvido.
-
Los ojos de miel
No recuerdas muy bien cómo pasó. El caso es que habías salido de la revista más o menos temprano y decidiste ponerte a caminar y caminando llegaste a Miraflores, a la puerta de una discoteca a la que ya habías ido antes. Es jueves, pero qué diablos, te dijiste, y entraste. Haces cola brevemente, pagas,…
-
La cacería
Despiertas. Oyes un sonido agudo, un como chillido. Te asomas a la ventana. Silencio. Lo oyes de nuevo, y una bandada de palomas se dispara. Silencio, y el chillido de nuevo dos veces, y las palomas vuelan en otra dirección. Entonces dices: Cuando despiertas, en el cielo resuena la cacería.
-
Un corredor de bolsa en la quiebra escucha el deseo íntimo de su corazón y le cuenta a un amigo de su conversión espiritual
—¡Ay, ida la bolsa! Mas oí: «Deseo ese Dios». —¿Ámaslo, baladí? —Ya.